Contemplar y servir

Durante el transcurso de dos semanas, me leí un libro de quinientas páginas del autor Ignacio Larrañaga, titulado: «Muéstrame tu Rostro». El libro era tan envolvente que me costaba dejar de leerlo. Me metí tanto en la lectura que sentía que entraba en un estado de flow, aislado del entorno y embriagado con el contenido del libro.

El penúltimo día de terminar el libro, creo que fácilmente me leí como sesenta y cinco páginas de un solo. Cuando terminé me sentía absorto y un poco aislado del mundo, como si hubiera salido de una cueva en la que había estado durante mucho tiempo. Ese mismo día me tocaba ir a una actividad a servir como voluntario en mi Parroquia del Santuario Nacional de Panamá. Les digo la verdad, yo me sentía hasta algo inseguro con esa labor que iba a brindar pensando que estaba como desubicado mentalmente, como recién salido del limbo.

Cuando llegué al sitio y me puse a disposición de ayudar, me di cuenta que había mucho trabajo que hacer y, aunque en primera instancia me encontraba como en el aire, rápidamente logré acoplarme y me puse en acción a servir. De una vez se me fue el despiste y me metí en mi rol sin ningún inconveniente.

Mientras me encontraba en la actividad reflexionaba sobre esto: «Es clave para un cristiano católico unir en su día a día, la contemplación y la acción; también podría decirse, la oración y la acción». Una y otra han de complementarse y, la primera, da el temple y la capacidad para llevar a cabo la segunda.

Quedarse solo con una de esas convierte a la persona en alguien que no va a dar frutos. Si la persona solo es contemplativa y no hay obras concretas, la religiosidad de vuelve inerte y de nada sirve toda la contemplación y oración que se realice. Por otro lado, si la vida se vuelve solamente una serie de obras de caridad y solidaridad, la existencia, aunque cargada de actividades, transforma a la persona en alguien vacío por dentro, provocando esto una insatisfacción permanente que no llena ni la mayor obra en favor del prójimo.

Oración/Contemplación y Acción, partes fundamentales de todo cristiano y compromisos que nos hacen ser reflejo vivo de Jesucristo, quien pasó por el mundo haciendo el bien y manteniendo una íntima y profunda relación con el Padre.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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