
En estos tiempos existe arraigada a nivel cultural, la convicción de que todo ser humano, para alcanzar la plenitud en la vida, debe casarse y tener hijos. No se ve como una opción de vida, sino como un requisito para ser una persona normal en la sociedad. Algunos otros grupos consideran que, o te casas o te haces sacerdote o monja. Pero es muy raro escuchar a las personas ver la opción de una vida soltera como tercera opción de vida.
Algún psicólogo por allí dijo que en la Biblia está escrito que el hombre no fue hecho para estar sólo, que necesita compañía. Es como si estuviera predestinado que una persona que opta por estar sola, va a ser infeliz y desdichada.
Creo que no hay nada más lejando de la verdad. Yo, a pesar de que en el pasado tuve mis noviazgos, he decidido finalmente quedarme solo, no porque me cueste tener una relación de pareja o porque no pueda hacerlo; sino porque me he dado cuenta que encuentro paz y plenitud en la vida soltera. Una vida soltera que vivo con alegría y desde la que aprovecho para compartir con muchas personas en relaciones de amistad y servicio.
Soy un hombre muy sociable y se me dan muy bien las relaciones interpersonales; empezando por que me encanta el ser humano. Veo en cada persona un tesoro a ser descubierto, una pizca de la presencia de Dios que ha de ser desvelada por medio de la contemplación y la interacción. Pero puedo ser una persona de gran vida social, desde esta vida soltera, disfrutando también los espacios de soledad, para entrar en discernimiento y también cultivar mi relación con Dios Padre que me guía en todo momento.
Sí existe una tercera opción en la vida, la vida soltera. El matrimonio, la vida consagrada y la vida como soltero, son vocaciones, no son adaptaciones culturales para ser aceptados en la sociedad.
Que podamos encontrar el llamado que nos hace Dios para encaminarnos por la ruta de la plenitud y la paz interior, siendo fieles a lo que dicta nuestra conciencia y nuestro corazón guiados por Dios.
