El explorador

Collage of a child using binoculars, teenage boys talking, and man writing in notebook

Cuando miro hacia atrás en la época de mi infancia, puedo observar que yo era un niño que siempre estaba en busca de algo infinito. Era, desde temprana edad, como un explorador que quería encontrar un tesoro, el Gran Tesoro; lo buscaba en la mirada de otros, en las cosas que veía, en los muchos pensamientos que rondaban por mi cabeza; siempre estaba buscando algo que no sabía cómo describir, puesto que no sabía ni siquiera que era eso que con tanta ansía quería encontrar.

Siendo un adolescente, seguía con mi fervorosa búsqueda; creía que encontraría aquello en los amigos, la discoteca, el licor, la novia y el relajo. Me fui de lleno en la búsqueda de aquel Gran Tesoro, por lo que me desboqué en ese mundo de comportamientos de desorden y rebeldía.

Siendo ahora un adulto, creo que encontré el tesoro y le di un primer vistazo; pero ese tesoro vuelve a esconderse y cada día se me muestra él mismo en un lugar y circunstancia diferente.

Ese Tesoro que tanto buscaba era el Dios Infinito; y lo que me provocaba el ansia de encontrarlo era la sed insaciable que tenía de Él, la cual traté de saciar con muchas cosas que, al final, lo que hacían era agravar la sed. Pero cuando encontré a ese Tesoro Verdadero, Dios, Fuente de Agua Viva, no tuve más sed.

Es por eso que ahora solo quiero vivir junto a esa Fuente durante el resto de mi vida, y enseñarle aquel Manantial a todos los que la buscan en lugares equivocados, por no ser conscientes de que a quien buscan es a Dios mismo.

Señor, aquí estoy para hacer tu Voluntad.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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