Cuando el sentimiento de culpa sin fundamento me persigue

Man sitting thoughtfully in an armchair beside a window and houseplant

Cuando era niño y cometía alguna travesura o alguna falta en la escuela, en la casa o en cualquier otro lugar, consecuentemente me invadía el miedo de las consecuencias. La consecuencia de aquellas acciones era el fuerte regaño de mi papá, pero, lo que más me asustaba, era el correazo que vendría de seguro.

Pareciera que inconscientemente, hasta la actualidad, a mis treinta y siete años, he arrastrado un poco de ese miedo acompañado del sentimiento de culpa, cuando contemplo que podría estar cometiendo un error o haciendo algo mal, ya sea por una mala decisión o por falta de decisión.

A veces me pregunto, frente a mis responsabilidades cotidianas en los distintos ámbitos, si estaré haciendo las cosas bien o, si hay algo que debería estar haciendo con respecto a lo cual no he tomado ninguna acción. Es en esos momentos cuando me empieza a dar una sensación de susto por pensar que estoy mal y, por ahí viene ese miedo despertando nuevamente; aquel terror de cuando era niño y sabía que se venían los gritos, regaños, correazos o fuertes castigos por haberme comportado mal.

Yo procuro hacer bien las cosas, ser responsable en lo que me corresponde; admito que soy un poco despreocupado ante la vida misma, pero sí suelo cumplir con mis deberes cuando los tengo bien claros. No me gusta dejar cosas pendientes ni tampoco incumplir con nadie. Pero, aunque procuro ser así de diligente en mis cargos, no deja de pasar por mi cabeza la incertidumbre de, si habrá algo que tenga que hacer y no estoy haciendo.

Me invade a veces esa sensación de negligencia; de si se me estará escapando algo dentro de mis diversas obligaciones en el trabajo, la Iglesia o en mi vida personal.

Bueno, si bien es cierto, no soy perfecto y, por más que procure hacer las cosas bien, en algún momento habrá algo que se me escape de las manos y de mis planificaciones. Seguiré adelante y si me equivoco o incumplo con algo por ignorancia, buscaré la forma de enmendarlo y seguir haciendo cada día lo que me corresponde y de hacerlo bien.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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