Un cambio en la mirada

Una mirada intimidante puede ocultar una historia de miedos, verguenzas y decepciones.

Aquel que, con su mirada altera a otros, puede tener, inconscientemente, una actitud defensiva a través de sus ojos para que nadie lo vuelva a lastimar como lo hicieron en su pasado.

Puede parecer una tontería o, por el contrario, algo molesto. Sin embargo, es algo muy significativo. Cada persona va acumulando aprendizajes y experiencias desde la temprana edad y estas van formando el carácter y la manera de interpretar la realidad. Dependiendo de esto, para algunos, la sociedad puede ser un lugar hostil y para otros, un sitio benevolente lleno de oportunidades.

La realidad del entorno, objetivamente puede ser una. Sin embargo, me parece oportuno destacar aquello que afirmaba Viktor Frankl en su libro «El hombre en busca de sentido»: «Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino».

Volviendo entonces a esa mirada, aquella persona intimidante ha carecido de una mirada tierna que le brindara confianza y seguridad. La falta de mirada provocó que él o ella adoptara una proyección defensiva para, inconscientemente, protegerse.

Una persona que no ha sido mirada desde pequeña, puede carecer de una base segura y de una identidad clara, lo cual provoca que en su inconsciente, busque seguridad en la proyección de un falso yo para que nadie pueda ver la verdad: «que detrás de la máscara hay un niño herido que lo único que necesita es sentirse mirado con amor y aceptación».

Una mirada comprensiva y auténtica puede cambiar la mirada intimidante de aquella persona y, transformarla en una mirada serena, plena y benevolente.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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