El arte de esperar

Algo que me caracterizó mucho en mi adolescencia era la impaciencia; quería todo para el mismo instante. Si deseaba comprar un videojuego por una plataforma de envíos, lo compraba y desesperaba al tener que esperar las dos semanas que tomaría en llegar a la sucursal de la ciudad para pasar a buscarlo. Soñaba día y noche con que llegara, haciéndome innumerables ideas de cómo sería aquel juego. Si era posible, buscaba todos los videos relacionados a aquel juego para ir haciéndome una clara idea de lo que me esperaba al tenerlo en mis manos y jugarlo.

Esa intolerancia a la espera no me sucedía solamente con los videojuegos, sino con cualquier cosa que implicaba tener aunque fuera un poco de paciencia.

Hoy en día, en la práctica de darme momentos de soledad para meditar rezando el Rosario, he aprendido a entrenar esa inquietud constante. Detenerme en el silencio de la habitación y quedarme quieto hasta terminar de rezar el Rosario, al principio era muy difícil porque parecía que justo en el momento que me proponía estar en quietud, aparecían en mi memoria todas las tareas que tenía pendientes por realizar; más de una vez me levantaba y dejaba el rezo a medias.

Sin embargo, con mucha perseverancia y, sobre todo, teniendo paciencia conmigo mismo en el proceso, creo que he llegado a un punto en el que he mejorado mucho en el ejercicio de la espera sin afanes.

Qué importante es aprender a esperar y tener paciencia, empezando por nosotros mismos en nuestro proceso de crecimiento personal y espiritual. Te recomiendo ejercitar tu paciencia con la práctica del rezo del rosario en la quietud de tu habitación cada noche, aunque fuera un solo Misterio. A mi me ha funcionado y sigue ayudándome a mejora cada vez más.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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