
Actualmente tengo el hábito de levantarme muy de madrugada y sentarme en el silencio del día que aún no empieza, para rezar dos partes del rosario; tomo la camándula en mano y comienzo el conteo. A veces se convierte en una lucha contra el sueño, pero allí entre dormido y despierto termino el rezo. Después me levanto y a alistarme para ir a la oficina a la que llego siempre, por lo menos, una hora antes del horario de entrada. Eso me da tiempo para hacer algunas cosas productivas como estudiar y adelantar algunas tareas personales pendientes.
Cuando regreso a mi casa en la tarde, después de haber terminado la jornada laboral, lo primero que hago es alistarme para mi segundo y último espacio a solas y en silencio, y rezar las otras dos partes del Rosario. Terminado el rezo, si no tengo nada pendiente y estoy cansado, me acuesto a dormir o, si me siento con algo de energía, me pongo a ver One Piece o algún otro anime que me guste.
Algo que no mencioné y que procuro hacer antes de esos espacios de rezo de madrugada y tarde, es una pequeña rutina de ejercicio físico casero y darme un buen baño.
Me siento a gusto con ese ritmo de vida que incluí en mi día a día y creo que en el transcurso de mi jornada que procuro llevar con la mayor productividad posible, comienzo a anhelar a que se lleguen esos espacios de soledad y silencio que tanto llenan y enriquecen mi alma.
