
Hoy en día no tengo grandes ambiciones; claro que hay varias cosas que me gustaría se dieran, pero estos deseos no condicionan mi serenidad.
Lo único que verdaderamente quiero es que se cumpla en mí el querer de Dios. Hace largo tiempo solté mis sueños, para sujetarme únicamente a los Sueños de Dios.
Dios tiene un Gran Sueño para mi vida; es por eso que me he rendido a su Santa Voluntad, porque nadie más que Él, sabe qué es lo que más me conviene y lo mejor para mí.
Me he dado cuenta que, en la medida que uno aspira a tener más posesiones, alcanzar éxito y alimentar el ego con reconocimientos, la vida se vuelve más angustiosa y difícil de sobrellevar.
En la medida que uno aprende a desprenderse de los apegos y las ambiciones, logra experimentar libertad y gozo puro y auténtico. La alegría del corazón no se gana en la medida de los logros alcanzados, sino a medida que la persona suelta el timón de su vida y le da el volante a Dios.A
Aprende a soltar y deja que Dios tome el control de tu vida. Por tu parte, pon tu voluntad y toda tu vida a su disposición. Verás que no te arrepentirás, más bien, lo agradecerás.
