Cuando ibas bien y, de pronto, vuelves a lo mismo

Man sitting with a small dog on a lakeside dock at sunset

Hace una semana hablaba de lo feliz que me sentía al haber adquirido el hábito de madrugar sin complicaciones, alegando de que antes me era difícil levantarme y terminaba poniéndome en pie tarde, y así mismo, llegaba rayando a la hora de entrada a la oficina.

Resulta ser que fue una serie de días en los que, en efecto, me despertaba a las cinco, cuatro o incluso tres y algo de la mañana y me levantaba sin complicaciones. ¿Qué resulta? Que desde esta semana, he vuelto al asunto de no lograr levantarme temprano; qué ironía de la vida. Ahora me despierto y otra vez quiero quedarme allí pegado; se me hace pesado levantarme. Cuando ya asumía que todo estaba resuelto con eso, resultó ser que no, que la cosa volvió a como era en el principio.

Bueno, hay una cosa que identifico diferente, si me pongo a ver el contraste de los días en que madrugaba y ahora que no estoy logrando hacerlo. Y es que ahora mi mente está más dispersa, al igual que como estaba antes de que comenzara el hábito de levantarme temprano sin esfuerzo. Mientras estuve con esa costumbre mañanera, estaba más centrado, mi mente más en blanco y había otro factor que diferencia una circunstancia de la otra.

Resulta ser que yo había adquirido el hábito de rezar dos partes del rosario en la madrugada al levantarme y las otras dos partes, al llegar del trabajo en la tarde noche. Ahora, en cambio, me encuentro tan disperso e inquieto que, si acaso, logro rezar una parte del Rosario en la tarde a duras penas.

Todo eso pasó precisamente después de haber tenido un fin de semana muy social en un retiro con jóvenes, en donde, realmente me divertí. Tanto así que grabaron videos en acción, los cuales después quedaron publicados y con muy buenas respuestas de la gente; también comencé la semana con la inspiración de practicar mi fluidez en el desenvolvimiento exponiendo; y eso producto de la exposición que di el fin de semana, puesto que, al verme cómo fluí, consideré que me falta practicar más, sobre todo para alargarme más y no quedarme corto en el tiempo.

Después de todo esto, he quedado así de disperso y creo que, en parte, eso tiene que ver con la recaída a no poder levantarme, el flujo abundante de pensamientos en mi cabeza.

Lo que voy a hacer es, volver a sentarme con quietud en la silla de mi habitación y rezar el rosario completo, sin atender a ninguna distracción y permaneciendo inmóvil aunque mi mente vaya como un tornado con los pensamientos.

Vamos a ver si funciona y más adelante les estaré echando el cuento.

Padre, que se haga tu Voluntad.

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Autor: Cuentos de una ciudad real

Un historiador de la cotidianidad.

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