
Hace unos días ocurrió un temblor en mi país. La ciudad no se vio afectada a nivel de infraestrucura, aunque sí sufrió una fuerte sacudida y la gente quedó muy asustada.
Sin embargo, en el interior del país, sobre todo en el sur, donde fue el epicentro, hubo grandes afectaciones y muchos derrumbes de hogares, hoteles e iglesias. Por lo menos no hubo reporte de decesos de personas, aunque sí fue lamentable que muchas personas perdieron sus hogares.
Como consecuencia de ello, ha habido muchas personas e instituciones que se han estado movilizando para brindar la ayuda necesaria a aquellas familias afectadas en el interior. Y por dicha, la gente se ha dispuesto a apoyar donando insumos necesarios para estas personas.
Ante esta realidad, me pongo a reflexionar lo siguiente: «A lo largo de la vida se van dando muchos acontecimientos difíciles para el ser humano, que provocan crisis, pérdidas y, en muchas ocasiones, consecuencias graves e irreparables. Sin embargo, a pesar de las devastaciones que en algún momento dado pueden acontecer en el mundo, el ser humano siempre tiene, por naturaleza, la tendencia a levantarse y seguir adelante; y si hace falta comenzar de cero, lo hace, por más difícil que sea».
Podremos tener muchos momentos de dicha y por los cuales agradecer, pero no estamos exentos de las experiencias de desdicha que pueden traer desánimo y desilusión. Sin embargo, el ser humano siempre tiene la capacidad de levantarse, apoyarse unos a otros y volver a levantar la mirada con esperanza de que el día de mañana será mejor.
Es importante tener presente a Dios, sobre todo en los momentos más difíciles, con la confianza de que, incluso en las peores circunstancias, Él no nos deja sólos y que, aunque no entendamos el por qué de la realidad que nos toca vivir, Él nos ayudará a superar cualquier dificultad.
No hemos de basar nuestra fe en Dios y el hecho de que nos ama, en el hecho de si nos va bien o mal en la vida. Sino saber que, la fe es precisamente la capacidad de confiar en Dios, independientemente de la circunstancia que me toque vivir. Dios no defrauda, y no entender mis circunstancias, no quiere decir que el Padre no tenga un Propósito para nuestras vidas. Dios también se manifiesta en esas personas solidarias que, ante las crisis y necesidades de otros, se abren a ayudar de todas las formas posibles. Dios está en el prójimo, como en el buen samaritano del Evangelio.
Padre, en tus Manos encomiendo mi espíritu, ayúdame a ser portador y reflejo de tu amor para con los demás.
